Niaphne

14 de abril de 2011

Una sirena vuela entre las olas,
su destino en la tormenta perdió,

la sal dispersó sus recuerdos,
en un oleo su historia quedó.


Un día, en una telaraña despertó,
su conciencia en petroleo mataba,

su corazón en rayo de luna soñaba,
el mar no volvería a olvidar, jamás.


Mientras en una roca lloraba,
el rezo de un ángel oyó,
de sus ojos nacía el sol,

de su voz una sinfonía de amor.

Semanas a su sombra escuchó,

cada atardecer de un salmo se impregnó,

un deseo despertó en su interior,

la ceguedad al abismo la llevó.


Su cola por un par de piernas cambió,

pero su ángel nunca la correspondió,
las hojas de sus cabellos se secaron,

su mirada en un vacío se convirtió.

Miles de amaneceres esperó,

las rosas de su jardín se marchitaron,

el dolor el viento secó, su sonrisa se esfumó,
y su cuerpo como papel arrugado terminó.


Una noche de atardeceres,

un cuervo el camino le mostró,
sus ojos abrió a la eternidad,

su vida por fin comprendió.


Al mar pidió aletas para volver,
esclavitud fue la condición,

de por vida sobre espinas danzar,
y en una burbuja negra flotar.


Dicen que en la noches de roja luna,

un rezo de amor en la playa se escucha,

es Niaphne que cantando nos enseña,

que la búsqueda de la felicidad, es solo nuestra.