Un disparo y sus secuelas...

23 de febrero de 2011

Dicen que el tiempo cura todo, y no lo pongo en duda, pero ese tiempo no es una creciente.

A veces, cuando más crees que mejoraste, te das cuenta que mas hundida estás, cuando más crees que estás bien, te das cuenta que te estas muriendo por dentro. Con el paso de las horas, los días, las semanas, te das cuenta que vas como en una montaña rusa, aceleras y paras, subes y bajas, te das vuelta y te vas hacia atras, es un torbellino de pensamientos que de a poco te matan la cabeza, la presión que sientes en tu cabeza es tan grande y constante, que juras que en cualquier momento te va a explotar.

Hace un par de semanas tomé una decisión, que creí que me haría mejor, que creí que me haría sentir mucho mejor de lo que ya me sentía, estaba feliz y contenta, pero sentía que algo iba mal, asique elegí desaparecer del mapa, asi de simple elegí huir, aunque solo por un mero tema de sobrevivencia (una vez escuché y leí que debes alejarte de las personas que amas para poder sobrevivir) pero lo que pasó fue que en vez de sentirme mejor, me empezé a sentir peor, mi dolor de cabeza aumentó, y me empezé a preocupar.

Con el paso de los días, me di cuenta que la decisión que tomé cortó todos los lazos definitivamente, ya no hay vuelta atrás, y me di cuenta que no estaba tan bien como creía, todos esos días que estuve tranquila y contenta, eran una pantalla que escondía lo que estaba realmente sucediendo en mi interior, y fue como una exploción; esa noche lloré como nunca lo había hecho, grité como nunca lo había hecho, me enojé como nunca lo había hecho, y me acosté, y me quedé mirando el techo intentando encontrar alguna esperanza perdida que se hubiera quedado volando en mi habitación. Pero no la encontré, no encontré esa esperanza que tanto quería, y todo se derrumbó, todo lo que estaba construyendo se derrumbó, mi fuerza se cayó, mi ganas de reir se transformaron en un llanto entrecortado; y así siguieron pasando los días, intenté con las pocas fuerzas que me quedaban invertir las cosas, pero no sabía como, no sabía como sacar la realidad de mi cabeza, sacar eso con lo que soñaba, aunque le dijera a todo el mundo que no lo quería, que era lo mejor. Fue tanto lo que intenté evitar, fue tanto lo que quise esconder, que el pelo se me empezó a caer como hojas en otoño, y tomé conciencia que no estaba bien, que se me salió todo de las manos y desde ahí que me encerré en una habitación a oscuras a esperar, simplemente, a esperar.

Al escribir esto, siento que no es el tiempo el que me curará, siento que aún espero, la esperanza la perdí, pero aun pienso en los milagros, espero una sorpresa, quizás. No sé como seguir, que camino tomar, no sé como sentirme mejor, no sé como dejar de pensar, el amor es como una guerra, en donde disparas y te disparan.

El dolor es siempre con la misma intensidad, pero depende del lugar donde se clavó la bala, lo que tarde en curar.

Ahora ya no queda nada, ni siquiera cenizas, el viento se las llevó. Solo queda un vacío sin arrepentimientos y otro buscando una esperanza perdida. Como escuché también una vez, yo no soy la excepción, soy la regla.