13 de mayo de 2009
Y caen,
como perlas sin valor,
y se deshacen, se esparcen,
huyen de la verdad, una pobre realidad,
y me hundo,
me hundo en los brazos de la desesperación,
y miro el cielo,
por mi cara corren las gotas de sangre que olvida el mar,
y dejo que entren en mí,
la sal sabe a una dulce tranquilidad,
y entiendo...
que no hay nadie a quien llamar




